Las grandes eléctricas preparan su ofensiva para la eólica marina
Empresas promotoras, fabricantes y países despliegan sus estrategias para ganar en un mercado a punto de explotar.
La energía eólica marina presenta un gran potencial que está empezando a ser explotado en varios países europeos. El Reino Unido resolvió instalar mediante un concurso 25.000 megavatios (MW) de esta energía en sus costas. Sólo este programa supone multiplicar por más de 12 la potencia instalada actualmente en el mundo, que escasamente supera los 2.000 MW.
La pionera Dinamarca, Alemania, Holanda y los países nórdicos no se quedan atrás y preparan sus propios planes de incentivo para que estas instalaciones les ayuden a cumplir el 20% del consumo que han de cubrir con energías renovables en 2020, según se ha comprometido la Unión Europea.
Las previsiones de la EWEA (European Wind Energy Association) implican que, frente a los 577 MW instalados en 2009, este año se construirán 1.000 MW nuevos, un 75% más. Este crecimiento exponencial implicará que se instalen entre 40.000 MW y 55.000 MW para 2020 y 150.000 MW en 2030, según la misma institución.
Los países del norte de Europa son los que más han avanzado en el desarrollo de esta energía. Presentan las condiciones perfectas: Son países industriales, con compromisos de consumo de energías renovables a medio plazo y su capacidad de instalar energía eólica terrestre es limitada, por saturación del mercado, por escasez de lugares con un buen recurso de viento u oposición vecinal.
Por otro lado, tienen una plataforma continental ancha, con profundidades inferiores a los 50 metros hasta los 100 kilómetros de distancia de la costa.
En alta mar, hay el doble de viento pero la inversión necesaria también es mayor. En un parque eólico en tierra, el 70% del coste es la turbina y el resto, las infraestructuras. En el mar, esto cambia dramáticamente y las conexiones se convierten en lo más caro y lo más difícil. La operación de una planta offshore se parece al mantenimiento de una plataforma petrolífera. Al final, es dos veces y media más caro que una instalación terrestre.
Las grandes eléctricas como RWE, Iberdrola, Centrica o Eon son las que dominaron las adjudicaciones en el concurso británico. Iberdrola Renovables, que se adjudicó en el concurso británico unos 7.200 MW en consorcio con Vattenfall, tendrá que hacer frente a una inversión estimada de entre 9.400 y 10.500 millones de euros para llevar adelante el proyecto, según las estimaciones de JB Capital Markets, Oppenheim y Société Générale. Estos números pueden acobardar a cualquier empresa mediana que quiera tener un puesto en este mercado, si no cuenta con un colchón financiero amplio.
No debe andar desencaminado en su opinión este directivo a juzgar por los movimientos recientes en el mercado de los fabricantes. Tal y como recoge un informe de mercado de la consultora internacional Make, este segmento ha estado dominado desde sus inicios por Vestas y Siemens, si bien la retirada temporal de este negocio de la danesa ha dejado a Siemens en una posición cercana al monopolio durante casi un año. Areva o Repower desarrollan su tecnología. Los constructores han elegido fabricar turbinas para tierra, más conocidas y con más mercado.
Aun así, Make señala que el segmento marino “se ha desarrollado últimamente de un modo que sugiere que las ganancias potenciales ya superan los presumibles riesgos”. Así, para ganar posiciones y madurez tecnológica, las compañías han optado por las alianzas y las adquisiciones. En septiembre de 2009, General Electric compró Scanwind. La china XEMC adquirió también el año pasado la holandesa Darwind.
La propia Gamesa, principal fabricante español de turbinas, está analizando un acuerdo con la alemana Bard, preparándose así para suplir su hueco en tecnología y entrar como fabricante y constructor de parques eólicos.
España necesita tiempo, investigación, redes y regulación para llegar a su objetivo, a pesar de ser un país con muchos kilómetros de costa. La energía eólica marina choca con varios escollos muy relevantes que suponen que los expertos no fíen su crecimiento en el territorio antes de 2014.
El ministerio de Industria lo tiene claro: “el desarrollo de tecnologías innovadoras de energías renovables, como la eólica marina, es una apuesta del Gobierno español y así se refleja en el proyecto de Ley de Economía Sostenible”. En el último mix energético propuesto por el Gobierno para 2020 la energía eólica marina tiene un objetivo de 5.000 megavatios (MW) instalados para ese año.
En abril del año pasado, el ministerio publicó el Estudio Estratégico Ambiental del litoral español, conocido como el mapa eólico marino. En él, se detallan las zonas aptas para la instalación de estos parques. Sin embargo, no es suficiente. El propio ministerio explica que aún “se deben resolver incertidumbres, no sólo en materia procedimental, sino también a nivel técnico y de viabilidad económica de este tipo de proyectos”.


